domingo 23 de enero de 2022
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«Esto no es un juego, se puede perder mucho»: el ascenso y los peligros de los influencers financieros

En 1999, un chaval de 15 años llamado Jonathan Lebed ganó medio millón de dólares (440.000 euros) en tres meses sin salir de su habitación de Cedar Grove, Nueva Jersey. Desde pequeño, Lebed estaba obsesionado con los rótulos del canal de economía Bloomberg, así que cuando sus padres pusieron un módem en casa, mientras sus colegas se pasaban las tardes chateando o buscando porno, se dedicó a comprar acciones baratas, entrar en foros y chats de inversores aficionados y animarles a comprar las mismas acciones. En cuestión de horas, docenas de usuarios le hacían caso, impulsando así el valor del stock. Y entonces Jonathan vendía las suyas con un beneficio de miles de dólares.

En el sector lo llamaban inflar y vender (pump and dump). La Comisión de Bolsa y Valores estadounidense (SEC por sus siglas en inglés) le llevó a juicio, lo cual convirtió a Lebed en el primer menor procesado por la institución desde su fundación en 1934. Los abogados del chaval arguyeron que este solo había hecho lo mismo que las corporaciones de Wall Street. Lo que le molestaba a la SEC, decía el abogado, era que gracias a internet los ciudadanos ahora podían emular el chanchullo. Ambas partes llegaron a un acuerdo extrajudicial y la BBC produjo un documental sobre el asunto, El futuro acaba de ocurrir. Hoy miles de jóvenes recorren la senda que abrió Jonathan Lebed, pero en TikTok e Instagram.

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