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sábado 24 de julio de 2021
Cursos de periodismo

Ficciones peligrosas

El título iba a ser “Ficciones de derecha(s)”, pero a último momento percibí que el adjetivo ‘peligrosas’ conjura el error de suponer que ciertas formas discursivas sobre lo político son patrimonio exclusivo de una posición política específica. El peligro es ubicuo, no importa el espectro ideológico. Espero que nuestro pastor de la lengua, que en este caso es el principal interlocutor pero no el único, pueda pasar por alto esta omisión inicial, aunque seguramente buscará otro pasaje para darse el gusto de menospreciar algún que otro momento castizo de mi léxico. El menoscabo es su ejercicio favorito y un rasgo recurrente en su profusa producción literaria.

El domingo 27 de junio Quintín publicó en la revista Seúl un artículo en el que sostiene que el editorial del 6 de junio del programa radial que conduzco no es otra cosa que un acto de delación. Afirma que la indignación no era solamente suya sino de los otros nombrados, todos críticos de cine, y sugiere que el episodio es la versión microscópica de una práctica común del progresismo vernáculo. Días después de mi programa no le costó confirmar su clarividencia cuando se dio a conocer en una página web el informe “La reacción conservadora”. No lo leí, sí los diferentes repudios que recibió. Diré solamente que si se trata de una publicación abierta no puede ser interpretada como una lista negra (en sentido estricto, las listas negras presuponen un acceso restringido: la vigilancia, el disciplinamiento y la exclusión son prácticas secretas). Si es verdad, como se afirmó en algunos diarios, que se daban las direcciones particulares de algunas personas, repudiamos ese hecho, como repudiamos la reacción violenta de un sector de la sociedad contra los autores del informe. En “Dar nombres”, solo por el editorial y por el informe, Quintín concluye que estamos frente a una caza de brujas.

El silogismo que antecede a la conclusión de esta supuesta cacería ideológica en ciernes en la que soy un eslabón solitario nada tiene de preciso, porque las premisas se basan en meras semejanzas. Las dos situaciones involucran a personas e instituciones que no tienen ninguna relación entre sí. La razón paranoica es pródiga en constelaciones conceptuales insospechadas (como el colorido “complot iraní-cubano-venezolano-mapuche”). Acopiar semejanzas no es razonar causas reales de los acontecimientos.

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