Finlandia, la fórmula de la felicidad

Aterrizo en Helsinki. Al intentar pagar el tren al centro, se me clava el frío del andén. Olvidé mi vida —carné, móvil, billetera— en el baño de llegadas del aeropuerto. No puedo volver a entrar. Corro a un mostrador. Una empleada me escucha, inmune a mi cara de terror. Telefonea. Espero. Vuelve a telefonear. Nada. Me manda a otra ventanilla. Allí, la mujer, impasible, hurga bajo la repisa y pregunta: “¿Ana?”. Levanta el DNI. El teléfono. La cartera. En Finlandia dejas tu identidad en el váter y te la devuelven. Una revista abandonó 12 carteras en 16 ciudades. Helsinki resultó ser la más honrada del mundo. Aparecieron 11; en Madrid, 2. Al llegar al país plusmarquista en tantas cosas —el más libre y estable del mundo y el que más contribuye al bienestar de la humanidad— me toca experimentar precisamente este récord. Casi lloro de alivio. Ya puedo ponerme a buscar el secreto de la felicidad finlandesa.