Fogwill, de la A a la Z: las definiciones picantes del gran provocador

    Escribió siete novelas, cuatro libros de poemas, antologías de cuentos, y sus artículos y columnas en la prensa se compilaron en otros tantos títulos. Tuvo cinco hijos, varias mujeres y algunos vicios que sostuvo con convicción a lo largo de los años. Sueños que anotaba en cuadernos espiralados y le demostraban que el inconsciente toma nota de hasta qué punto «el mundo tiene algo repugnante, en todas partes». Hacía gala de un humor corrosivo. Se movía con comodidad en su propio caos («Donde yo voy, vuelvo a armar mi quilombo», decía). Y ostentaba una personalidad avasallante, con visos rabiosos, que inspiraba un respeto reverencial, e incluso terror: «Lo importante -decía- es generar miedo». Pero estaba enamorado, ante todo, del modo en que a veces se combinan las palabras: «Los escritores están desvelados por las historias, por las tramas, pero a mí me interesa el ruido, los sonidos, el ritmo… el flujo de la respiración, los movimientos de los personajes», definió.

    Rodolfo Fogwil, el provocador, de cuya muerte se cumplen 10 años este viernes, se construyó como autor, dando forma a una obra insoslayable y, en simultáneo, como un personaje de la vida real: inconformista, pedante, polémico, imprevisible; y hasta repulsivo o brutal. Su legado literario y su faceta pública, casi performática, componen una misma trama vital.