Fotos de adolescentes antes y después de pedirles que las editaran para redes sociales

Seamos honestos: ¿quién nunca ha editado un poco su selfie antes de publicarla? Vivimos en un mundo donde compartir nuestras fotos en Internet es lo más común del mundo y donde la tecnología ha hecho que sea más fácil que nunca ajustar nuestra apariencia. Pero, ¿deberíamos? El fotógrafo británico Rankin decidió buscar esa respuesta en su nueva serie, Selfie Harm.

Rankin reclutó a 15 adolescentes que no suelen usar aplicaciones de edición de fotos y tomó retratos simples de ellos. Después de una rápida lección sobre cómo usar aplicaciones básicas de edición en sus smartphones, el fotógrafo les pidió que filtraran su imagen para pudiera recibir más likes. Los resultados ofrecen una mirada sorprendente a cómo nuestra presencia digital está en un proceso de homogeneización y a los efectos que estos ideales de belleza tienen sobre la juventud.


Selfie Harm forma parte de un proyecto en el que Rankin explora el papel de las imágenes en nuestra salud mental. Visual Diet—una campaña de M&C Saatchi creada en colaboración con el renombrado fotógrafo y MTArt Agency—es una mirada crítica a cómo las imágenes demasiado retocadas, hipersexualizadas y adictivas pueden, con el tiempo, afectar nuestra percepción de nosotros mismos.