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lunes 2 de agosto de 2021
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Fue bueno mientras duró: se acabó la felicidad fiscal y cambiaria de la soja

Pocas veces en la vida una racha se transforma en una tendencia definitiva. Hay que entenderla como lo que es: el resultado de una circunstancia que a veces crea situaciones que ayudan mucho y otras veces complican mucho. Lo que pasó con la soja fue eso: hubo una demanda adicional que se combinó con menores niveles de stock en dos de los principales países productores, por efecto del clima.

Su precio, que llegó a superar los u$s 600, fue un regalo para la Argentina en un momento difícil, ya que aceleró las ventas del agro y aportó dólares a las reservas que nadie tenía en cuenta. Pero era una racha. La burbuja se desinfló lentamente, hasta que un día los mercados sintieron que no daba para más y la hicieron reventar. Esa es la foto que se vio ayer en Chicago y que preocupó a todos en Buenos Aires.

A decir verdad, tanto los inversores como los propios funcionarios del equipo económico tenían en claro que los dólares de la soja en algún momento se iban a terminar. Ese dato estaba contemplado, pero para el mes de julio. Era una combinación del fin de las ventas de la cosecha gruesa, y la cercanía del calendario electoral, que desde hace años empuja a buena parte de los argentinos a dolarizarse (con las restricciones que impone el cepo y la caída de la economía) antes de concurrir a las urnas.

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