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miércoles 21 de abril de 2021
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¿Fue correcta la detención de Jeanine Áñez?

Dos consignas, dos marcos para fotos de perfil en las redes sociales, dos mundos políticos enfrentados. Una de las consignas es: “No fue golpe, fue fraude”. La otra: “No es venganza, es justicia”. Ambas son fórmulas negativas: se plantean como refutación de los ataques implícitos de un rival: para rechazar el ser “golpistas”, en un caso, y “autoritarios”, en el otro.

El primero de estos lemas es esgrimido por los enemigos de Evo Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS). No se trata de una contradicción real. En teoría, la caída de Morales en noviembre de 2019 podría haber sido un evento que incluyera un fraude, primero, y un golpe de Estado, después. Esta incongruencia lógica se debe a que sus defensores no se atreven a evocar la verdadera dicotomía que sería: “no fue golpe, fue levantamiento”, pues de todas formas tendría implicaciones antidemocráticas. En este relato, el derrocamiento de Morales no presenta ningún aspecto violento. Muchos opositores no aceptan siquiera que se hable de un “derrocamiento”. Según ellos, Morales renunció la tarde del 10 de noviembre porque se asustó del enojo que había causado en el “pueblo” por su constante deseo de reelección, y no porque fuera a pasarle algo a él, sino por “cobarde”. Luego huyó del país.

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