domingo 23 de septiembre

Fuerzas Armadas y narcotráfico: el caso de México

En su anuncio sobre el nuevo rol militar que ha generado tan justificada alarma, el Presidente se refirió a la necesidad de participación de las Fuerzas Armadas en la represión del narcotráfico. Los comunicadores oficialistas que salieron rápidamente a sostener la nueva política –aunque ya no lo hacen con el entusiasmo de otros días– enfatizaron la racionalidad de la propuesta: el narcotráfico crece en Argentina, las fuerzas de seguridad resultan impotentes frente a enemigo tan poderoso, por qué no recurrir entonces a las fuerzas militares que, además, dicen, hoy no tienen nada que hacer. Esto permitiría, también, terminar con la estigmatización de las FF.AA. derivada de su actuación en la última dictadura. Curioso razonamiento, este último, porque hasta ahora se pensaba que el modo de integrarlas a una sociedad democrática tenía que ver precisamente con diferenciar claramente su rol del que se asigna a las Fuerzas de Seguridad Interior.

Ni Mauricio Macri ni el ministro de Defensa creyeron necesario, para justificar esta nueva incumbencia militar, hacer la evaluación de la experiencia latinoamericana sobre la presencia de las Fuerzas Armadas en la represión del narcotráfico. En los días recientes, se ha producido en México un cambio político muy significativo con la victoria de Andrés Manuel López Obrador y cualquier análisis somero destaca que una de las principales razones de ese voto opositor ha sido la conciencia generalizada sobre las nefastas consecuencias de la intervención militar en esa tarea de represión. Basta con señalar que el año 2017 marcó un récord en la cifra de homicidios en el país, con más de 25 mil muertes violentas, mientras que a pesar de algunos éxitos resonantes como la detención del Chapo Guzmán, la actividad del narcotráfico sigue creciendo.


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