Fútbol: la cara más populista de Macri

Aún hoy al Presidente le brillan como nunca los ojos cuando habla de dos temas: su hija Antonia y Boca. Sus chistes y metáforas futbolísticas son moneda habitual en diálogos privados, palabras públicas y hasta en encuentros con mandatarios de otras latitudes, aunque sean ajenos a semejante pasión.

Por eso hay que creer en la sinceridad brutal de Mauricio Macri cuando días atrás confesó que prefería que Boca y River no se enfrentaran en la final de la Libertadores, porque los hinchas no iban a poder dormir durante 20 días. Estaba hablando también de él.


Acaso ese sentimiento de hincha más que de jefe de Estado volvió a jugarle una mala pasada el viernes, con su ya famoso tuit en el que establecía que los visitantes iban a poder asistir a las finales. Ese mensaje desgraciado, desandado por el propio Presidente 12 horas después en un buscado diálogo con un canal deportivo, se transformó en un abanico de malas señales.