martes 19 de febrero

Ganar y después gobernar, la consigna que pone a CFK y a Lavagna a leer el mensaje de Francisco

La campaña asoma despiadada y tiene lógica: el patio de atrás se percibe, de repente, como escenario decisivo. La segunda semana de febrero encontrará a Comodoro Py y a la misión del Fondo dispuestos a exhibir las fichas que juegan en la sucesión presidencial. Difícil parece, sino imposible, que logren alterar dos bloques macizos de adhesión que se repelen y se cimentan en la polarización.

Confirmada en su centralidad por los que la aman y la desprecian, Cristina Fernández de Kirchner guarda su decisión final debajo de la almohada. Tanto que hasta los delegados que recorren el país en su nombre avisan que en abril desisten de su candidatura, si para esa fecha la senadora mantiene su hermetismo. Prometer sin saber también genera cansancio.


La ex presidenta razona por estas horas, tal vez, distinto a lo que se supone. Dice que, si se para en una posición mezquina, no necesita hacer nada para este turno electoral. Puede ir con lo puesto a pelear contra Mauricio Macri y enviar a Axel Kicillof a la provincia, con la certeza de un resultado honroso y la posibilidad -hace un año, nula- de quedarse con todo. De perder, el cristinismo podría sentarse en el Congreso y en las legislaturas de todo el país a cuestionar con más fuerza y con más gente el rumbo económico de un gobierno atado al Fondo. Esperar otros cuatro años a que madure la constatación social de que el ciclo de Cambiemos es inviable; ganar ese tiempo para crecer con kirchnerismo puro.