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lunes 18 de octubre de 2021
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Gane quien gane, la elección del domingo es un cambio de sistema

Debuta el domingo no sólo el balotaje en elecciones. Más de 32 millones de empadronados tendrán, además, la novedad de una jornada que precipitará un cambio de sistema político después del ciclo que se inauguró, en 2002, con las administraciones Duhalde-Kirchner. Cualquiera que sea el resultado, el nuevo presidente gobernará con métodos, elencos, diagnósticos y proyectos absolutamente diferentes de los que ha visto casi toda una generación de argentinos.

La señal de esta elección es que el país enfrenta una competencia más normal que las que vivió en las presidenciales de 2003, 2007 y 2011, todas fruto de una crisis política que el transcurso del tiempo y una renovación generacional llevan a un terreno más sincero con la realidad social de la Argentina. Esa normalidad repone, en la oferta electoral, la dialéctica peronismo-no peronismo, la misma que fue el signo desde la segunda mitad del siglo pasado.

Eso convierte a las elecciones del domingo en una competencia de manual a la que han aportado dos candidatos jóvenes, de inmejorables condiciones para capturar grandes porciones del electorado, y que han desplegado estrategias eficientes para lograr sus objetivos. El resultado de la primera vuelta electoral expresa esa eficacia en lograr la máxima cantidad de votos que podían obtener. La fórmula Scioli-Zannini logró más del 37% de los votos, una marca notable para un peronismo que fue a las urnas sin aliados, apartándose de la metodología de siempre de sumar al padrón histórico de apoyos alguna fuerza ajena. Eso lo hizo desde 1946, cuando Juan Perón sumó a una fracción importante del radicalismo (con el vicepresidente Hortensio Quijano) hasta 2007, cuando Cristina de Kirchner llevó como aliado a una importante porción del radicalismo con Julio Cobos a la cabeza.

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