Gay Talese, un mito que abre la puerta

El señor Gay Talese no lleva corbata: viste un pantalón gris, una camisa clara y una campera de lana azul. Así luce al abrir la puerta de su casa de varios pisos, a pocos metros de Park Avenue, en Manhattan. Es viernes 14 de noviembre de 2014, faltan pocos minutos para la 1 PM, y el sol y el otoño hacen que Nueva York sea todo lo bella y amable que una ciudad puede ser.

El señor Talese abre la puerta porque tres periodistas la tocamos hace apenas unos segundos: el mejicano Francisco Cuamea, el chileno Cristian Ascencio Ojeda y el argentino que escribe estas líneas. Pide que, “por favor”, regresemos más tarde, quizá en tres horas. Ahora está ocupado, dice: hay gente en su escritorio, en el cuarto piso de su casa; mítica como quien la habita. Parece contrariado: no quiere ser descortés con los periodistas que golpeamos su puerta y en pésimo inglés pedimos hablar con él. Se toma la cabeza, parece que medita, y, finalmente, el señor Talese franquea el paso.


Se sienta en un sofá de cuero marrón y nos invita a hacer lo mismo en sillones individuales. El señor Gay Talese advierte que serán pocos minutos de conversación, aunque no por ello dará respuestas de ocasión en la impertinente entrevista a la que se somete: meditará y argumentará cada respuesta, porque Gay Talese no sólo es el padre del nuevo periodismo, sino y sobre todo, un caballero neoyorquino.