domingo 28 de noviembre de 2021
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Generación ibuprofeno

«¿Alguien tiene algo para el dolor de cabeza?», pregunta uno, y en distintos puntos de la oficina se levantan manos que ofrecen blísteres de ibuprofeno. «En mi trabajo es común que cuando alguien tiene un dolor de cabeza o de espaldas -lo que es bastante habitual después de estar ocho horas trabajando sentado en mala posición- directamente le tiren un blíster de ibuprofeno», cuenta Martín Castellani, analista de marketing digital de 32 años, que confiesa que siempre lleva un blíster de este medicamento en el morral y que no falta otro en su mesita de luz, y otro más en el botiquín del baño de su casa.

En gran medida gracias a su mejor perfil de seguridad, el ibuprofeno le ha ganado a la aspirina ese lugar de supuesta panacea contra dolores de todo tipo (cabeza, articulares, menstruales, traumatismos), lo que lo ha vuelto un elemento onmipresente en el día a día de niños y adultos. Alentado su uso por sistemáticas campañas de publicidad y con la accesibilidad que le confiere que muchas de sus presentaciones sean de venta libre, el uso de este analgésico de la familia de los antiinflamatorios no esteroides (Aines) ha crecido significativamente en los últimos años. Según estadísticas de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), en 2016 se vendieron unas 36 millones de cajas de ibuprofeno en la Argentina (sumando las versiones de venta libre y de venta bajo receta), contra los poco más de 32 millones que se vendieron en 2013.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)