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miércoles 4 de agosto de 2021
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Geopolítica del antivirus

Amigable y tranquilo, junta los papeles, sonríe y se despide con un “los veo mañana”. Así termina cada conferencia el doctor Tedros Ghebreyesus, el primer africano en dirigir la Organización Mundial de la Salud (OMS). A diario, el planeta entero toma nota de sus recomendaciones transmitidas en directo desde Ginebra. Sin embargo, la OMS, una institución acostumbrada a mantenerse alejada de las controversias a pesar de operar históricamente en el territorio inestable del multilateralismo, viene transitando una década difícil. Con los aportes de las cuotas de los estados en declive, es cada vez más dependiente de la filantropía de diversas fundaciones privadas que, como contrapartida, inciden de manera abierta en su agenda. En consecuencia, a la OMS se la critica por izquierda, señalando sus conflictos de intereses con multinacionales y laboratorios, y también se la critica por derecha, por la ineficiencia de su burocracia o la supuesta influencia china o rusa sobre sus autoridades.

Al final del día, estar al frente de este organismo dependiente de las Naciones Unidas significa dirigir un ente que emplea alrededor de ocho mil personas, está integrado por 194 estados, cuenta con 150 representaciones y un presupuesto anual de 4000 millones de dólares. Por esto mismo, parte de la estrategia de la OMS es más diplomática que sanitaria. “Imagine que administra una empresa con seis oficinas regionales que eligen a sus propios jefes y que no le informan a usted sino a sus respectivos despachos. Esa es la estructura de la OMS”, dice la periodista Natalie Huet en una nota donde profundiza los detalles de la rosca interna del organismo.

revistacrisis.com.ar  (revistacrisis.com.ar)