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miércoles 16 de junio de 2021
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Grita, grita, que algo quedará

Con las vacunas la polarización cruzó un Rubicón. En lo discursivo primero fue el turno de la oposición buscando cualquier forma de ser antivacuna, primera interpretando sin dudar que la inicial falta de publicación de las evidencias científicas de Sputnik 5 daba por probado que se trataba de una vacuna inferior a las norteamericanas o inglesa, cuando la vacuna de Johnson & Johnson tampoco las había publicado y la inglesa pidió ayuda a los científicos rusos para mejorar la suya. Así como Bolsonaro sostiene en Brasil que quien se aplique la vacuna china corre el riesgo de convertirse en comunista, en Argentina Carrió sostenía que no se aplicaría la vacuna rusa porque era un negocio de Cristina y Kicillof sembrando desconfianza en adultos mayores que precisan inmunizarse.

La vacuna rusa pasaba a ser construida en ese imaginario colectivo como una vacuna de segunda marca o una vacuna autoritaria. Lo mismo hubiera sido si en lugar de Sputnik 5 el gobierno hubiera comenzado con la vacuna china. Carrió, pionera del discurso pro grieta desde la oposición ahora que se publicó en occidente que Spuntik 5 es más efectiva que la mayoría de las vacunas argumenta que no se vacunará porque teme que la envenenen como al líder disidente ruso Alekséi Navalny ya que la campaña de vacunación la conduce La Cámpora.

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