jueves 21 de junio

Guerra arancelaria contra China: la receta que EE.UU. ya probó en 2002 con catastróficos resultados

Estados Unidos sostiene un déficit comercial con China de 375.000 millones de dólares, una cifra que crece cada año que pasa. Ese incremento de la brecha entre los bienes y servicios que EE UU compra del exterior es interpretado por la administración Trump como una flaqueza de la economía nacional fácilmente reversible mediante la guerra económica. De ahí que haya impuesto unos aranceles sobre el 25% en las importaciones de acero y del 15% en las de aluminio procedentes de China.

Cómo responde China: con más de lo mismo: se pondrán aranceles de un 15% a cientos de productos estadounidenses, especialmente hortícolas, que pisen suelo asiático, mientras que productos porcinos y relacionados tendrán un arancel del 25%. Parece ser sólo el inicio de una escalada de tensiones entre ambas economías.


Una lección no aprendida: según la mayoría de economistas nacionales e internacionales, esta no es la manera de proceder. Tampoco lo fue en 2002, cuando la administración de Bush impuso aranceles similares a las importaciones de acero y hubo que descontinuar el programa apenas 20 meses después. Al año siguiente, y según un informe dirigido por la misma industria metalera, el gravamen había causado la pérdida indirecta de 200.000 puestos de trabajo estadounidenses, más que el total de gente empleada en la industria acerera en aquel momento y muchos más de los que trabajan en ella a día de hoy (se estima que la política actual llevará a la pérdida de 146.000 empleos).

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