Guerra de clases en la Ivy League

Pongamos que te va bien, que estás felizmente casado, que tienes un buen hijo y un sueldo estable de clase media-alta. La pregunta es: ¿qué harías para conseguir que tu hijo pudiera formar parte del 1% más pudiente? O lo que es lo mismo: ¿cuánto pagarías por la posibilidad de acceder a las universidades de la Ivy League (las 8 universidades más prestigiosas de Estados Unidos: Brown, Columbia, Cornell, Dartmouth, Harvard, Pennsylvania, Princeton y Yale)?

Ya has pagado las clases de chelo, los cursos preparatorios, el campamento de tenis y un viaje de voluntario a Guatemala. Pero ahí afuera hay otro millón de idiotas privilegiados que presumen de notas académicas por encima de la media y que también están llamando a las puertas de la misma docena más o menos de universidades superelitistas.


Entonces contratas a un asesor de acceso. Ellos lo hacen todo: te aconsejan en los trabajos de redacción académica, planifican tus actividades extracurriculares, elaboran una estrategia de selección universitaria y hasta proporcionan una somera terapia emocional. Auténticos iniciados en los misterios del acceso a la universidad (la mayoría de ellos son antiguos funcionarios de admisiones) te prometen, sin garantizar que tu hijo entrará en una de las hipercompetitivas universidades de élite, que al menos conseguirán aumentar las probabilidades.