jueves 26 de mayo de 2022
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Guerra del streaming: costos crecientes, ingresos desacelerando, necesidades de escala incompatibles con la existencia de múltiples jugadores

Cuando años atrás Netflix comenzaba a abrirse camino en el mundo del contenido audiovisual con su propuesta no ya de alquiler de CD de videos sino a través del streaming, parecía que se abrían las puertas del Valhalla. Un paraíso que permitiría el acceso a contenidos sin restricciones, donde estaría todo disponible para consumir bajo demanda (y por qué no en vivo) y a un menor precio que la TV por cable. Los usuarios se fueron sumando a la por entonces nueva modalidad de consumo y los generadores de contenidos vieron allí una gran oportunidad de llegar en forma directa al consumidor. Así, grandes nombres como Disney, HBO, Paramount y tantos otros, decidieron que lo mejor era tener su propia plataforma y comenzaron a restringir la distribución de sus contenidos a través de terceros, llámese Netflix inicialmente u operadores de TV paga después. Una situación que forzó a las plataformas de distribución (como era originalmente el caso de Netflix o más tarde el de Apple) a producir sus propios contenidos como un factor diferencial frente a una competencia creciente.

El desembarco de grandes nombres coincidió con el inicio o desarrollo de la pandemia. Así, el aumento de la demanda por contenidos de parte de los consumidores impulsado por las restricciones que trajo el Covid se combinó con una oferta que se multiplicaba y generaba enormes inversiones en contenidos. Al mismo tiempo crecía la adopción de dispositivos aptos para el streaming como Smart TV, PC, smartphones, reproductores (Android TV, Chromecast, Apple TV, Roku, etc.). Los astros se habían alineado.

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