lunes 19 de noviembre

Hacer fila, limpiar inodoros y no llorar: un día en la detención de menores migrantes

No te portes mal. No te sientes en el suelo. No compartas tu comida. No uses apodos. Y es mejor si no lloras; hacerlo podría afectar tu caso.

Las luces se apagan a las nueve de la noche y se encienden al amanecer, después de lo cual debes tender tu cama según las instrucciones pegadas a la pared, paso por paso. Lavar y trapear el baño, tallar los lavabos y el inodoro. Luego es la hora de hacer fila para la caminata hacia el desayuno.


“Había que formarse para todo”, recordó Leticia, una niña de Guatemala.

Pequeña, delgada y con una larga cabellera negra, Leticia fue separada de su madre después de que cruzaron la frontera hacia Estados Unidos de manera ilegal a finales de mayo. La enviaron a un refugio en el sur de Texas, una de las más de cien instalaciones de detención contratadas por el gobierno estadounidense para niños migrantes en todo el país, que son una burda mezcla de internado, guardería diurna y prisión de seguridad media. Están reservadas para los niños como Leticia, de 12 años, y su hermano, Walter, de 10.

La lista de lo que no se debe hacer en las instalaciones también incluía lo siguiente: no tocar a otros niños, incluso si se trata de tu hermanito o hermanita.

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