¿Hasta dónde llegará el pragmatismo de Cristina?

La Argentina es un país muy particular que pone en revisión hasta las verdades más establecidas. Fue en esta tierra donde se elaboró el Teorema de Baglini, que describe el proceso de convergencia al pragmatismo de las fuerzas políticas, en la medida que se acercan al poder.

Hoy estamos viviendo esa conversión, pero desde el llano. La Cristina irreductible, de convicciones y odios acerados del poder, mutó en las últimas semanas en una dirigente pragmática a extremos impensados, como recuperar el diálogo amable con Duhalde, a quien no atendía desde aquel 2005 en el que venció a su esposa.


Un breve repaso por los cierres provinciales encuentra a la ex presidenta sacrificando sin pestañar a sus propios candidatos, para potenciar las chances de éxito de dirigentes peronistas clásicos como Perotti, Casas, Peppo, Rioseco, Bertone y otros, muy alejados del ideario de izquierda con el que la emparentan. “Al final del día, en el peronismo terminan juntándose todos”, descubre el presidente, acaso sin percatarse que esa frase es una descripción de lo que está fallando en la gestión política de su gobierno. El ganó en el 2015 porque supo alimentar una división del PJ, que desde el poder no supo consolidar.