Hay grieta para rato

Agotadas las ansiedades que provocaron los comicios recientes, se abre el tiempo de las interpretaciones sobre el cariz de la nueva etapa política. Las elecciones generales del 27 de octubre reperfilaron el balance de las PASO de agosto. Si el escenario de las primarias mostraba una abrumadora ventaja del Frente de Todos, las presidenciales de octubre terminaron con el resultado más polarizado desde 1983. El viejo anhelo de Torcuato Di Tella pareció concretarse: un bipartidismo estable, con dos coaliciones elásticas, que agrupen del centro a la izquierda y del centro a la derecha. Inspirado por las democracias europeas, el viejo sociólogo podría jactarse hoy de un nivel de concentración del voto mucho mayor al de esos sistemas de partidos que en el viejo Continente crujen por dentro.

Es aún temprano para saber cómo impactará este resultado en una de las principales aspiraciones de la campaña electoral: la desactivación de la grieta tal como la conocimos en la última década. Mucho se ha dicho sobre esta división, que podría resumirse como la persistencia del conflicto entre peronismo y antiperonismo. El resultado de octubre, que descansó sobre una definida distribución social y geográfica, sostuvo la vigencia de aquella polarización original de los años 40 y 50, determinante en la genealogía de nuestra trajinada fisura política.