jueves 20 de septiembre

Historias de bajo perfil: cuando ser “invisible” es un activo

En la tercera temporada de Billions, la serie de Netflix centrada en el conflicto entre un fiscal de Estado, Chuck Rhoades (el actor Paul Giamatti) y el multimillonario Bob Axelrod (Damian Lewis), hay una escena con Wendy Rhoades (psiquiatra, asesora del magnate y esposa del abogado, la actriz Maggie Siff) y un operador político, Black Jack Foley (David Strathairn). Ambos son maestros del “detrás de escena”, hiperexitosos en lo suyo, pero sin aspiraciones a ser muy conocidos a nivel masivo. La fama no los seduce, sino que más bien, a lo estratégico, es una carga. “Un día estaba aconsejando a personas cómo moverse y al otro las estaba moviendo yo mismo”, reflexiona el operador frente a la coach ejecutiva. De alguna forma, son una contracara de los dos personajes centrales de la serie, mucho más ambiciosos, ególatras y que buscan permanentemente la aprobación de terceros.

En las historias de éxito empresario existe lo que se conoce como “sesgo de supervivencia”: los recorridos que salen a la luz son aquellos de los triunfadores (en el ámbito de los emprendedores, menos del 10% de los casos) y hay menos luz de atención pública sobre los fracasos mayoritarios.


Hay otro sesgo, sin embargo, menos estudiado, que distorsiona la realidad y relativiza el valor de las historias de éxito conocidas: el de las personas que descuellan en lo suyo, pero a quienes no les interesa que su historia se conozca. Esta “invisibilización”, término que en la actual agenda pública tiene una connotación negativa, es para ellos un activo, funcional a sus negocios y a su bienestar emocional.

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