martes 17 de julio

Huir del calentamiento global: la nueva gran migración

El año pasado viajé al sur de Guatemala, lugar de origen de uno de los grupos más grandes de inmigrantes indocumentados que han llegado a Estados Unidos en los últimos años. Es muy claro por qué la gente se va: Guatemala es un país plagado de conflictos políticos, un racismo endémico en contra de los indígenas, pobreza y cada vez más violencia a manos de pandillas.

Sin embargo, hay otra dimensión menos conocida de esta migración. La sequía y las temperaturas en aumento en Guatemala están haciendo que sea más difícil para la gente ganar lo suficiente para vivir o incluso sobrevivir, lo cual empeora la situación política de por sí frágil para los 16,6 millones de personas que viven en ese país.


En la aldea de Jumaytepeque, en la región del Corredor Seco de América Central, un grupo de campesinos me llevó a ver sus cultivos de café. La mayor parte de los ingresos de la comunidad provenían del grano, pero las ganancias se han diezmado debido a una plaga conocida como roya del cafeto. Las plagas como esta no son causadas necesariamente por el cambio climático, pero este sí las exacerba, y la roya ahora está infectando plantas en altitudes cada vez mayores conforme las zonas más elevadas se han vuelto más cálidas. Lo que es peor, el estrés provocado por la sequía ha hecho que esas plantas sean más vulnerables a la plaga.

“Ya no podemos mantenernos solo con el café”, me dijo un joven campesino en la sombra veteada de su plantación de café, al señalar hacia las hojas flácidas, amarillas y agujereadas por la roya a nuestro alrededor. Los jóvenes como él, me explicó, se mudan a las ciudades y tratan de salir adelante en medio de la violencia de las pandillas, “o se van al norte”, dijo, a Estados Unidos.

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