Idea para C5N: Cristina al prime time contra Lanata

Es cierto que los políticos invierten cada vez más tiempo en someterse al coaching mediático, para perfeccionar su performance audiovisual. Pero lo de Cristina es otra cosa. Su talento y vocación histriónica supera ampliamente las acartonadas actuaciones de la mayoría de sus colegas. Ella ama a la cámara, y la cámara le corresponde. La prueba es su ductilidad para dominar formatos diversos: desde el gran estudio con claque de adulones en sus cadenas nacionales, pasando por el living intimista televisado, hasta su etapa actual de youtuber que patea la calle seguida apenas por un simple smartphone. Esa mutación –de lo grande a lo pequeño– no obedece al cambio de presupuesto disponible para sus producciones audiovisuales: aunque ya no cuenta con las arcas públicas para financiar sus shows, todavía le quedan demasiados amigos en la industria audiovisual que le deben millonarios favores. No. Cristina va cambiando formatos siguiendo una estrategia comunicacional, que varía tácticamente según la época. Ahora toca la estética -algo irónica- de la clandestinidad, la de la reina exiliada y perseguida por crímenes que no cometió.