miércoles 14 de noviembre

Indignacionitis de cuadernos y flanes

De manera exasperada y simultánea, la Argentina asiste por estos tiempos a dos procesos revulsivos. Por un lado, una megainvestigación por corrupción con pruebas y testimonios en cantidad y calidad inéditos, que afecta al poder político, económico y judicial. Por otro, un frenazo recesivo de la economía con incalculables consecuencias sociales, en especial en los principales suburbios urbanos, ya bastante golpeados por altos índices de pobreza.

Minorías ruidosas de la población no expresan la misma ira sobre ambas cuestiones. Esta suerte de indignacionitis tuerta, constitutiva de nuestra idiosincrasia, viene siendo alimentada desde hace años por diferentes sectores, incluso mediáticos, que exacerban los enojos y la intolerancia. Ahora, casi peor que nunca.


Ante el Cuadernogate, unos cuestionaron que se tratara de fotocopias, como si las pruebas posteriores y los testimonios de arrepentidos no significaran nada. O que ese aporte fuera de un chofer, obviando declaraciones de dueños y ejecutivos de varias de las empresas más importantes del país y de ex funcionarios claves. O que la investigación la desarrollen un juez y un fiscal cuestionados, como si ellos no hubieran ejercido el poder con esas mismas magistraturas y no hubiera otros eslabones revisores

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