Insólito encuentro con el dueño del mayor tesoro nazi del país

«No, ¡yo no soy Carlos Olivares!», dijo Carlos Olivares, vestido en un buzo rojo, un poco aterrado, con sus ojos celestes temblorosos como los de un conejo cuando Infobae lo encontró esta tarde en la entrada de El Ático, el local de antigüedades y decoración que controla junto a su hermano Aníbal en Olivos, en la galería ubicada en el puente de la estación Maipú del Tren de la Costa. «Carlos está en el juzgado», dice Aníbal, sentado justo a su lado, horas después del horario de cierre judicial. Olivares, luego de negar ser quién es, dio media vuelta para entrar en su local con su vitrina decorada con varios penes de mármol. Segundos después, se escapó.

El hombre de 55 años, anticuario hace tres décadas, tomaba una cerveza con maníes en paz junto a su hermano. No es su primer roce con la notoriedad. El diario Perfil lo presentó en 2012 como el supuesto hermano de Marley, algo que el conductor y Olivares negaron enfáticamente. El anticuario no parecía paranoico, perseguido. Su nombre ya era conocido en todo el país. Hace dos semanas, la Policía Federal allanó su casa sobre la avenida Centenario en Beccar. Detrás de una biblioteca, Olivares escondía el mayor tesoro de artefactos nazis de la historia argentina.