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sábado 8 de mayo de 2021
Cursos de periodismo

Instrucciones para producir un desierto

Es un aguará guazú pero ahí, al lado de esas rejas, parece un fantasma. No sabemos cuánto corrió pero está cansado y se detuvo: tres de sus largas patas tiesas y una doblada, como si pidiera alivio, las orejas hacia adelante, el cogote y la espalda arqueados. Está deshidratado. Golpeado por el calor. Podría ser un cuento de Horacio Quiroga, alguno de esos dramas que viven los bichos en sus ficciones, pero la escena ocurre en el Chaco mientras transcurre octubre de 2020. Quiroga escribió sobre estos lobos de crin, sí, en uno de sus cuentos –¿qué no escribió de esta zona de verde afiebrado?– y puso: “No hay en toda la selva sudamericana un animal más arisco, huraño y ligero para correr. Tiene la particularidad de caminar moviendo al mismo tiempo las patas del mismo lado, como lo hace también la jirafa”. A ella sí la conocemos, a la jirafa. Forma parte de la educación natural de las primeras bibliotecas de la niñez: león, hipopótamo, cebra ¿Y qué sabemos del aguará guazú? De este en particular, el del shopping chaqueño, podemos decir que huía del fuego, que fue llevado a una reserva hasta que pueda volver a la libertad, aunque a esta altura no sabemos bien qué significará eso para él ni para los seiscientos de su especie que resisten en Argentina. No lo sabemos tampoco para el resto de los animales que tuvieron, por así decirlo, algo de suerte y escaparon de los incendios que avanzaron feroces como, aseguran muchos, hacía años que no pasaba. 1.080.846 hectáreas quemadas desde el 1 de enero al 15 de noviembre de acuerdo a los datos del Sistema Nacional del Fuego ¿Qué significará todo esto que ahora es tierra arrasada? ¿Qué fichas de dominó empezarán a chocarse por la falta abrupta de ambientes completos?

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