viernes 2 de diciembre de 2022
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Internet es una industria basada en combustibles fósiles

Mientras escribo, aproximadamente la mitad de la población mundial vive confinada. Está claro que no todos pueden quedarse adentro: millones de personas de clase trabajadora arriesgan sus vidas todos los días para ser enfermeras, empleados de supermercados y realizar otros trabajos esenciales de los que depende la supervivencia de todos los demás. Pero a nivel global, una parte sustancial de la humanidad se queda en casa.

Una consecuencia de esto es un fuerte aumento en el uso de internet. Atrapadas dentro, las personas pasan más tiempo en línea. El New York Times informó que en enero, cuando China cerró la provincia de Hubei (hogar de Wuhan, el epicentro original de Covid-19), la velocidad de banda ancha móvil se redujo más de la mitad por la congestión de la red. La velocidad de Internet ha sufrido caídas similares en Europa y Estados Unidos, ya que las órdenes de quedarse en casa han generado picos de tráfico. En Italia, que tiene uno de los mayores índices globales de muertes por coronavirus, el uso de Internet en el hogar ha aumentado un 90 por ciento.

Internet ya está profundamente integrada en la vida diaria de gran parte del mundo. Sin embargo, bajo presión por la pandemia, se ha convertido para muchos, en algo más: el lugar donde la vida es mayormente vivida. Es donde uno pasa tiempo con familiares y amigos, va a clase, asiste a conciertos y servicios religiosos, compra comida y hace las compras. Es una fuente de sustento, cultura e interacción social. Para aquellos que pueden trabajar desde casa, también es una fuente de ingresos. La cuarentena es una práctica antigua. La cuarentena conectada es una paradoja producida por una era en red.

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