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jueves 21 de octubre de 2021
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Internet y el fin de las superestrellas musicales

Hace unos años, contemplando el imparable aumento de las desigualdades en Estados Unidos, un economista de la universidad de Chicago llamado Sherwin Rosen se encontró con un dato curioso: a principios de los años ochenta en todo Estados Unidos solo había unos doscientos comediantes a tiempo completo. En un país de doscientos veinticinco millones de habitantes que era a todos los efectos el centro del mundo en cuanto a producción audiovisual la economía solo parecía generar suficiente trabajo para de comer a un par de centenares de tipos graciosos de forma consistente.

Aunque es cierto que el tópico siempre ha sido que es muy difícil ganarse la vida en el show business, este dato era bastante chocante. Durante décadas Estados Unidos estaba repleto de teatros pequeños y espectáculos de vodevil, empleando decenas o centenares de cómicos en cada estado. Muchos de esos espectáculos habían desaparecido con los años, pero la demanda de comedia y entretenimiento no parecía haberse extinguido. Fenómenos parecidos habían tomado lugar en otros sectores de la economía, como en el mundo de los actores o el mundo de la música. Aunque Estados Unidos era un mercado más grande y los americanos tenían más tiempo libre que nunca para devorar horas de entretenimiento, ver decenas de películas y comprar cientos de discos, la cantidad de actores, músicos y comediantes que podían vivir de ello era cada vez menor.

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