lunes 18 de febrero

Investigadores piden medidas urgentes para regular la modificación genética

Hace un año, Matthew Porteus, investigador de genética en Stanford, recibió un correo electrónico inesperado de un joven científico de China, quien solicitaba conocerlo.

Unas semanas después, el científico He Jiankui llegó a su oficina y le dijo algo increíble. Dijo que un consejo de ética en China le había autorizado a crear embarazos a partir de embriones humanos que habían sido modificados genéticamente, un tipo de experimento que nunca se había realizado antes y que en muchos países es ilegal.


“Pasé unos cuarenta minutos más o menos explicándole con palabras claras lo indebido e imprudente que era eso”, dijo Porteus en una entrevista reciente.

Porteus no informó a nadie sobre las intenciones de He, pues creyó que lo había convencido de no continuar con su proyecto, además no sabía con certeza a quién se le debía informar sobre los planes de un científico chino. Los otros dos científicos estadounidenses con los que He compartió su idea tampoco lo sabían.