martes 24 de mayo de 2022
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Ir al súper o al chino en Buenos Aires, más caro que en París y en Madrid

Más allá de las palabras destempladas de Alberto Samid, el tema de los precios emerge más de una vez por día en la charla banal de los habitantes de esta ciudad, eso sin mencionar el tarifazo en los servicios básicos. Al «recargan el 1000%» del empresario matarife se podrían sumar decenas de quejas sobre lo que cuestan las cosas. «Cobran lo que se les canta», es el latiguillo más habitual, pero hay límites que superan lo tolerable y pasan al terreno de lo ridículo.

Ya no se trata de una diferencia del 10% para arriba o para abajo en el valor de un producto o de un servicio, si no de que los precios directamente se salen de cualquier variable atribuible al mercado. Mejor dicho, el mercado tiene todo el poder.

Desde un menú fijo en cualquier bar o restaurante, hasta la diferencia en el precio de la misma botella de vino, el alquiler de una cabaña en Tandil, un kilo de tomates o una excursión, el umbral de precios en muchísimos casos parece haberse descontrolado.

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