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jueves 25 de febrero de 2021
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Jaime Bayly sobre Maradona: «El argentino incomprendido»

El hotel Hilton de Puerto Madero, en Buenos Aires, había sido inaugurado recientemente, con el advenimiento del milenio. Era una edificación moderna y deslumbrante, una joya arquitectónica que parecía un museo de los viajeros ensimismados, de las mujeres con aire triste, de los amores furtivos, de la gente bella y confundida.

Barclays, escritor itinerante, había roto su pacto antiguo de lealtad con el hotel Alvear de Recoleta y ahora se alojaba en el flamante Hilton. Cada dos o tres meses, viajaba desde Miami a Buenos Aires. No era una obligación, era una elección, si los amores se eligen. No viajaba a trabajar, viajaba para encontrarse con una amante, María Gracia, que estaba casada. Eran entonces unos encuentros clandestinos, de dos o tres días, en los que los amantes no salían del hotel, volcados a la aventura de explorar sus cuerpos y celebrar la rara alquimia del amor.

María Gracia no era argentina, era chilena, y vivía con su esposo y sus dos hijos en Santiago de Chile. Era una artista supremamente talentosa: fotógrafa, escritora, pintora. Su esposo era un genio de las computadoras y ganaba mucho dinero. Sus dos hijos, niños todavía, hablaban como peruanos porque la nana, la cocinera y el chofer de la familia eran todos peruanos y les hablaban con los diminutivos dulces y musicales de los peruanos.

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