miércoles 18 de mayo de 2022
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Javier Milei, en tránsito de outsider a jefe de una nueva facción política

Días atrás el novel diputado explicó, por primera vez con alguna precisión, cómo buscaría terminar con la inflación: dolarizando la economía, afirmó.

Lo primero que saltó a la luz fue la falta de originalidad: ¿no es eso acaso lo que está haciendo Maduro en Venezuela desde hace un par de años?, ¿esta implícita coincidencia entre los socialistas del siglo XXI y los ultra liberales no revela cierta superficialidad y resignación compartidas en sus diagnósticos y recetas?, ¿y no fue esta la idea que propuso Menem hace veinte años, en el ocaso de la convertibilidad, y que el resto de la dirigencia por entonces descartó debido a que no aseguraba la disciplina fiscal (de hecho esa misma dirigencia ya había estado violando la versión bimonetaria del mismo remedio, la convertibilidad, emitiendo bonos y cuasi monedas sin ton ni son) y encima conllevaba nuevos obstáculos para el desarrollo de la economía?

Milei quiso descartar ese interesante debate, que tiene en el país y en la región al menos veinte años de historia, aludiendo a Ecuador, que tiene el mérito, es cierto, de haber logrado una de las inflaciones más bajas de la región en los últimos años. Pero también tiene el demérito de una acotada tasa de crecimiento. Comparada con las de Perú, Paraguay, Uruguay y hasta Bolivia, que lograron la estabilidad de precios construyendo confianza en sus propias monedas, la economía ecuatoriana ha crecido bastante poco. Y lo que necesita urgentemente Argentina, además de frenar la inflación, es crecer rápido, generar inversiones y empleo.

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