lunes 22 de octubre

Jorge Fontevecchia: “Aplausos a ‘La Nación'”

Uno de los antecedentes pretéritos del periodismo, de mucho antes de que se inventara la imprenta, fueron los partes de guerra. Un escribiente redactaba el reporte sobre cómo había sido la batalla para enviarlo a quien correspondiera. La precisión del lenguaje militar ponía énfasis en cuándo, en dónde y en cantidades: bajas, prisioneros, botín. Como si el destino no jugara a los dados, el devenir –además del enorme profesionalismo de su periodista Diego Cabot– hizo que fuera un diario fundado por un militar, Bartolomé Mitre, el que recibiera la mayor primicia sobre el kirchnerismo de las manos de otro ex militar, el suboficial retirado Oscar Centeno, quien, a pesar de los muchos años que se dedicó a la remisería, mantuvo la prosa precisa del reporte militar.

Pocas veces un diario dio una lección de periodismo tan contundente a sus críticos –especialmente el kirchnerismo– como la de La Nación con sus cuadernos de la corrupción. Con la sobriedad y aplomo con que muchas veces corre el riesgo de lucir fuera de época, cosechó con creces su mérito.


Hasta el vacío inicial de no haber explicado cómo habían llegado los cuadernos a las manos de su periodista, Diego Cabot, que generó todo tipo de suspicacias incluso en los no kirchneristas, terminó obrando a su favor dejando descolocados a los que aventuraron hipótesis paranoicas: que fue el propio Bonadio quien había filtrado a La Nación los cuadernos, o que el chofer anotador fuera de algún servicio de inteligencia, o que los cuadernos fueron fotocopiados por algún servicio de inteligencia.

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