Kerala, el paradójico estado indio

Las previsiones afirman que en 2022 India será el país más poblado del mundo, pero, si nada cambia, seguirá siendo uno de los más desiguales, a pesar de ser una de las mayores potencias económicas del planeta. Los datos de la ONU y de los últimos informes de su Programa para el Desarrollo (PNUD) indican una progresión positiva en la mayoría de los indicadores, pero existen evidentes disparidades. Durante los últimos años, la democracia más populosa del mundo, con 814 millones de personas llamadas a las urnas las pasadas elecciones de 2014, se ha caracterizado por su crecimiento económico —superior, en algunos casos, al de China— y por una creciente proporción de la clase media. Sin embargo, sigue absorbiendo el mayor número de personas pobres del mundo y una cifra alarmante de personas malnutridas, que se concentran en las zonas rurales —donde viven dos tercios de la población total— y en las grandes ciudades como consecuencia de los procesos migratorios del campo a la ciudad. Estas cifras reflejan que el crecimiento económico no ha tenido efectos entre las personas más pobres y, por lo tanto, pueden poner en duda su modelo de desarrollo. Contrariamente, para algunos estados de India, el desarrollo social ha sido prioritario y presentan datos esperanzadores que podrían plantear alternativas para el país.

Este contexto justifica la necesidad de un proceso multidimensional —y no solo económico— que reduzca la desigualdad y garantice el desarrollo de todas las personas en India. En este país, más de 1.300 millones de personas buscan el progreso económico y compiten por el alimento, el agua, la educación, la vivienda y la atención sanitaria en medio de las amenazas ambientales actuales. Esta competencia obliga a plantear el desarrollo humano en términos de sostenibilidad para “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”.