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jueves 28 de octubre de 2021
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La agonía del zoo: animales en peligro y un paradigma en crisis

En la madrugada de la Navidad de 2012, al final de una noche de petardos y sensación térmica de más de 40º, el último oso polar de Buenos Aires apareció muerto en el brete de su jaula. A Claudio Bertonatti, un conservacionista de prestigio que dirigía el Zoo e intentaba impulsar su transformación, se le vino el mundo abajo. Detrás de ese cuadro de «hipertermia y estrés» despuntaba un fracaso múltiple. Su fallido plan de trasladar a Winner a una reserva del hemisferio norte, la incapacidad de la institución para aislarlo del peligro y, en el fondo, la verificación del sinsentido de tener a una bestia del Ártico en un recinto en Plaza Italia. «¿Qué produjo el zoológico por esa especie?», se pregunta Bertonatti a la distancia y responde: «¡Nada!»

Con sus casi 2000 animales, el Zoo de Buenos Aires se convirtió en un problema a resolver, un lugar donde se tensa el límite entre lo biológico y lo urbano, lo político y lo filosófico, lo público y lo privado. La crisis de la institución -deterioro, conflictos gremiales, baja de visitantes, manejos polémicos en la concesión, muertes dudosas y una fauna exótica desproporcionada- coincide con un cambio de paradigma que se da en todo el mundo.

Dos meses antes de la muerte del oso polar, un visitante lo filmaba en una suerte de coreografía robótica, entrando y saliendo de la cueva de hormigón y rotando el cuello en loop. Bertonatti lo define como «tics por aburrimiento». Los militantes de la liberación animal lo llaman zoocosis, conductas estereotipadas y repetitivas producidas por el cautiverio. Las padecía Winner y las padece Mara, la elefanta asiática que es propiedad del circo Rodas y que alterna sus días entre la intemperie y el habitáculo del Palacio Hindú, esa construcción formidable que replica el templo de la diosa Nimaschi de Mumbai. Si a Mara la juntan con los otros dos ejemplares de su especie, terminan a los golpes.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)