La aparente normalidad albertista

En apenas un mes, acaso el mayor mérito de la gestión de Alberto Fernández haya sido darle cierto tono más previsible y normal al país ante enormes acechanzas reales y ficcionales. La Argentina no implosionó y tampoco tomó la ruta hacia su conversión en Venezuela.

Es cierto que es poquísimo el tiempo transcurrido, sobre todo en relación con la inmediatez y la urgencia de las demandas. Y justamente la flamante administración encaró esa emergencia sin locuras, schock ni volantazos para alivio o preocupación de propios y extraños.


Así encaró Alberto F la lucha contra la pobreza y la creación de la tarjeta social (la idea más trabajada en tiempos preelectorales, se nota), el inicio de la renegociación de la deuda (pagando cada uno de los vencimientos reperfilados), la estabilización del dólar (frizando el tipo de cambio oficial y liberando el resto) y desarmando la bomba de las Leliq (con la ayuda de la gestión anterior), por citar algunas medidas.