La asfixia de la ciencia argentina

Enojo y hastío vibran en las voces de los científicos más experimentados. Tristeza y decepción, en la de los jóvenes. Es por la abrupta disminución del financiamiento del sistema científico argentino denunciado ya a través de tres cartas públicas por 240 directores de institutos de investigación, 1.167 científicos de todo el mundo y 11 premios Nobel. Ninguno ha recibido respuesta del gobierno.

«Lo que ocurre es que me han dicho algo que ya sabía: que hay menos presupuesto, que hay que apostar a la ciencia. Es algo que jamás he negado. No había una propuesta que tuviera que ser analizada más allá de aumentar el presupuesto y eso lo estamos haciendo. Estamos tratando de aumentarlo”, responde telefónicamente el secretario de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, José Lino Barañao. Para él, que administra la cartera desde el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, “no es la peor situación por la que ha pasado la ciencia argentina” y si bien “es verdad que hay menos fondos, eso no implica que toda la ciencia esté en peligro”. A pesar de los numerosos científicos del país y del mundo que expresan su malestar, el funcionario lo restringe a un grupo específico. “Estamos haciendo muchas cosas que tal vez no son las que la comunidad científica abocada a la investigación básica ve. La mayor parte de los voceros del reclamo vienen de ese sector que reconozco que es el más perjudicado, pero bueno, se establecen prioridades en un contexto de emergencia”.