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martes 13 de abril de 2021
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La autoría en tiempos de Netflix

En noviembre, tras escuchar Fausto —el primer pódcast original de Spotify sobre crímenes reales en español—, escribí un tuit diciendo que me parecía injusto que tanto en la nota de prensa oficial como en los artículos que la habían copiado y pegado se citara a Spotify y al actor que narra la historia (Damián Alcázar), pero no el nombre del guionista o creador. Enseguida me respondió Fernando Benavides, el escritor y productor, matizando que, como autor, “te puedo decir que Fausto no se hubiera realizado sin su apoyo”, pues “el trabajo se hizo en conjunto y en gran parte gracias a que Spotify creyó en mí”.

No hay duda de que las plataformas están inyectando dinero y fe en el trabajo de los creadores. Pero también es indudable que están modificando la idea de autoría. El mensaje que comunica Netflix en los primeros segundos de todas sus producciones es muy claro: “Una serie original de Netflix”. Las mismas palabras se encuentran en los carteles de publicidad de las paradas de autobús y estaciones de metro. Los espectadores pueden no recordar que Stranger Things es obra de los hermanos Duffer o The Crown, de Peter Morgan, pero saben sin duda a qué marca pertenecen. Y en el caso de autores menos conocidos, sus nombres son eclipsados: ¿Cuántos sabrán que la serie Sex Education, cuyos pósteres han inundado miles de ciudades de todo el mundo, ha sido creada por la dramaturga y guionista británica Laurie Nunn?

nytimes.com  (www.nytimes.com)