La batalla por llamar golpes de Estado a los golpes de Estado

Ponerle nombre a las cosas forma parte de una lucha: la batalla por la nominación. La batalla por el nombre es consecuencia de la hegemonía política. Quien le pone el nombre a las cosas es quién tiene el poder y la legitimidad para hacerlo. Y quienes aceptan el nombre impuesto legitiman dicha autoridad.

Hemos leído hasta en los sobrecitos de azúcar aquello que se le adjudica a Nietzsche: “los hechos no cambian, lo que cambian son las interpretaciones”. Pues bien, la batalla por los nombres es la batalla por las interpretaciones. Y esta es una batalla centralmente política.


En esta última semana se ha iniciado un debate acerca de cómo nominar lo que paso en Bolivia. Juristas y politólogos buscan en diccionarios, manuales y códigos definiciones estáticas y casi esencialistas de lo que es un golpe de Estado. Pese a que estoy de acuerdo con quienes lo consideran un golpe de estado y en desacuerdo con quienes quieren ponerle todos tipo de peros y condicionalidades para atenuarlo o cuestionar la legitimidad de Evo Morales, la batalla por el nombre es esencialmente relacional y contextual.

En esta nota, y en base a un hilo que publique en Twitter hace unos días, exhibiremos a través de las tapas de los diarios como se reprodujo un nombre para identificar los sucesos que terminaron con el derrocamiento de Perón en septiembre de 1955.