miércoles 14 de noviembre

La biopic sobre Luis Miguel se transformó en un suceso multitarget

Entablar una comunicación con México puede convertirse en una tarea tan titánica como dar con el paradero de la madre de Luis Miguel. “Marcela está bien, en alguna parte”, asegurará misterioso Pablo Cruz cuando la tecnología se apiada y la llamada con el productor de Luis Miguel, la serie se concreta. Del otro lado de la línea se encuentra el responsable del mayor fenómeno en materia de series de la corriente temporada. Por estos días se realizan fiestas temáticas sobre el cantante de la sonrisa gigante y melena dorada, la entrega es charla obligada en trabajos y reuniones, incluso se han programado eventos especiales para este domingo cuando culmine la biopic dispuesta por Netflix y producida junto a Telemundo.

¿Las razones del suceso? La primera es lo que destila el personaje en cuestión. A mediados de los ‘90, Carlos Monsivais señaló que a este cantante no se lo iba a escuchar, se lo iba a ver. “Su voz arrebata, él se mueve copularmente y cada uno de sus gestos –si así dicen, así debe ser– desatan el canibalismo visual”, escribió en “La noche bonita de Luis Miguel”. El cronista mexicano, a su vez, definió al melodrama como el género latinoamericano definitivo, el molde sobre el cual se había impreso la identidad de la región. Así que se habría hecho un festín con esta serie que se propuso indagar sobre su vida. Son varios sus méritos además de lo que imanta su imagen. Es una producción de alto nivel y que apuntó mucho más allá del público fan (derrotando los prejuicios de parte de su audiencia); su honestidad kitsch en el retrato del artista y su entorno; la mezcla de varios géneros (incluso por episodio); la narrativa en dos tiempos nunca resultó esquemática; el modelo de emisión a la vieja usanza pero amoldada a tiempos digitales (tras cada proyección comienzan a aparecer memes, clips y artículos analizando cada aspecto contado). O quizá todo sea mucho más simple y se trate de una novela sui generis, con un chico doliente, el amor entre “Luismi” (Diego Boneta) y su madre desaparecida (Anna Favella) junto con un villano antológico como Luisito Rey (Oscar Jaenada). El fenómeno televisivo nació en una cena de amigos donde Pablo Cruz lanzó su idea. “Siempre había querido hacerlo. Es una vida fabulosa, maravillosa, increíble, como está a la vista”, dice el realizador.


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