lunes 8 de agosto de 2022
Cursos de periodismo

La caída de Boris, el bufón

Mi mentira preferida de Boris Johnson es lo que hace con su pelo. Su melena ridícula y desprolija, con rayos de pelo parados que compiten entre sí, el primer indicio de que estamos frente a un hombre que no las trae todas consigo, es en realidad un invento: Johnson se despeina a propósito. Lo revelaron varias productoras de televisión que veían cómo Boris se desarmaba la melena antes de entrar a cámara. También se desajustaba el nudo de la corbata si hacía falta, o liberaba la camisa por arriba del pantalón.

Su torpeza, que completaba con el resto de su apariencia física y una elocuencia astillada, con gaffes permanentes, fue para él un dispositivo político. Una performance capaz de despertar simpatía y en cierta forma autoidentificación, activos fundamentales para cualquier político. No porque Johnson sea como el resto –nacido en el seno de una familia acomodada, estudió en el internado de élite Eton, luego en Oxford y siempre estuvo dentro del establishment– sino porque se ve vulnerable y es capaz de reírse de sí mismo aún en los espacios donde la seriedad es el código máximo y especialmente en un país cuya política es un espectáculo de solemnidad.

cenital.com  (cenital.com)