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lunes 14 de junio de 2021
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La Casa Tomada: crónica (anunciada) de una despedida imposible

A lo Diego Maradona. Con emoción profunda, con dolor hondo, con millones de lágrimas. Con amor intenso. Pero también con un torbellino que atravesó la Casa Rosada y golpeó todo a su paso. La despedida del Diez en Balcarce 50 desbordó los sentimientos y también la seguridad presidencial, y demandó negociaciones con la familia de las que participaron personalmente Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

El temor del Gobierno a que la despedida de Maradona terminara con incidentes empezó el mismo miércoles. Entendiendo la magnitud de la figura del capitán de la Selección, el Presidente habló con Claudia Villafañe y puso inmediatamente la Casa Rosada a disposición de la familia Maradona. Había imaginado una despedida ordenada y larga, similar a la que tuvo Néstor Kirchner hace 10 años, en el mismo Salón de los Patriotas Latinoamericanos.

El primer mensaje que recibió lo preocupó. La exesposa de Maradona pidió una ceremonia sobria y breve para el Diez, y explicó que no quería someter a sus hijas, Dalma y Giannina, a una despedida larga. El subsecretario general de la presidencia, Miguel Cuberos, empezó a agilizar la organización. En pocas horas, un ejército de trabajadores de la Casa Rosada limpió el salón, que estaba en obra, removió escombros, muebles, esculturas, y dejó todo listo para la ceremonia. Para la familia y los amigos íntimos, preparó el Salón de los Pueblos Originarios. Se colocaron vallas dentro y fuera de la Casa Rosada.

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