La clase política abusa como nunca de wikiquote y de las «frases célebres», muchas veces al precio de encubrir los defectos de oratoria

No es cuestión de prohibir el uso o el abuso de las citas en la tribuna del Congreso, pero bien podría observarse una cuarentena, arbitrarse un periodo de suspensión, quizá para renovar el armario del repertorio y para estimular la oratoria de sus señorías, cuyos discursos se abastecen vampíricamente de wikiquote.org o ahuecan de sentido y de contenido la nobleza que adquirieron las citas en su origen.

Abusan los parlamentarios de Antonio Machado, no ya incapaces de encontrar una alternativa de resistencia franquista y de paradigma libertario, sino recurriendo una y otra vez al mismo poema —“Españolito que vienes…”—, o retratándolo en unos versos que nunca escribió. De hecho, el error más habitual de las citas de baúl consiste en utilizarlas sin reparar en su origen ni en su legitimidad. O en someterlas a una burda instrumentalización. Lo hizo Francisco Camps cuando evocó a Bertolt Brecht para exponer el encarnizamiento del que decía sentirse víctima, llegando a parafrasear un poema sobre el oprobio hitleriano que el dramaturgo alemán no había escrito —“Cuando los nazis vinieron…”— y que en realidad formaba parte de la obra dolorosa del pastor luterano Martin Niemöller. El escarmiento que delató al líder popular no consistía solo en el problema de atribución, sino en la frivolidad con la que el president valenciano relacionaba el Holocausto con su propia persecución y el caso de los trajes, llevando a extremos intolerables la costumbre con que algunos políticos encubren en frases nobles y personajes ilustres su propia negligencia o sus más obscenas corruptelas.