La clave oculta de la renegociación de la deuda

A medida que se acerca el momento de la renegociación de la deuda comienzan a surgir diferentes versiones acerca de qué es lo que los acreedores van a demandarle al país que haga. Y todas las versiones tienen algo común entre sí: la necesidad de un suculento superávit fiscal con el cual pagar los servicios de la deuda, en el supuesto de que los vencimientos de capital puedan renovarse cuando comiencen a vencer como hacen todas las naciones del mundo. Si bien este concepto abunda en las distintas noticias que al respecto ha brindado la prensa, no se han dado a conocer números. Vayamos a eso entonces. Supongamos por un momento que no hubiera refinanciación o que la misma fracasara y Argentina siguiera en la tesitura de pagar al menos los intereses de la deuda. ¿Qué superávit fiscal habría que tener? Supongamos una deuda de u$s300.000 millones y una tasa promedio de interés del orden del 5% anual en dólares. Supongamos que la tasa de la deuda nominada en pesos también termina siendo en términos de dólares el 5%. En tal caso habría que pagar u$s15.000 millones, para lo que se necesita un superávit fiscal primario del orden del 5% del PBI. Aquí surge claro entonces porqué se busca refinanciar la deuda y porqué no basta meramente posponer los vencimientos un par de años. Un superávit fiscal del 5% del PBI es solo una quimera. Si Argentina estuviera creciendo a buen ritmo se podría pensar en la idea -remota, pero posible- de alcanzar tamaña cifra. Pero con el país sumido en una cruenta recesión que no da ninguna señal de ceder, ajustar las cifras fiscales para que otorguen ese resultado equivale o bien a liquidar empresas subiendo impuestos o bien a reducir salarios públicos y jubilaciones en porcentuales draconianos. Imposible.