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miércoles 28 de julio de 2021
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La Corte Suprema del siglo XXI habilitó la democracia digital

La mayoría de la Corte Suprema de Justicia integrada por Highton de Nolasco, Lorenzetti, Maqueda y Rosatti (con un voto particular) en la causa “Fernández de Kirchner” dictó una sentencia que despejó la duda planteada: es constitucionalmente posible que el Congreso, si dicho órgano así lo resuelve, pueda sesionar digitalmente. Si bien formalmente rechazó la acción promovida sustancialmente a través de un obiter dictum (argumentos secundarios o complementarios) que quedará en la historia, estableció un estándar inmerso en la cuarta revolución industrial. Sin esconderse en formalismos propios de un derecho constitucional analógico, habilitó la democracia digital y brindó una respuesta idónea para que el Congreso funcione ante los obstáculos que genera el COVID-19.

Highton de Nolasco, Lorenzetti y Maqueda advierten que ante la gravedad de la pandemia lo esencial para el normal desarrollo de la vida constitucional argentina es que el Congreso legisle. Por dicho motivo, la posibilidad que el Congreso sesione de manera remota no interfiere con el modo en que la Constitución le impone a dicho órgano el ejercicio de sus atribuciones. Como la Constitución nada dice sobre el lugar o la forma (presencial o remota) en que deben encontrarse para sesionar, deliberar y votar los legisladores de cada Cámara, ambas alternativas se tornan posibles. Un modelo de deliberación digital será válido, siempre y cuando, su diseño e implementación cumpla con los recaudos que la Constitución establece respecto del procedimiento de sanción de las leyes. En síntesis, la Corte Suprema de Justicia es la cabeza de un Poder del Estado cuyo rol consiste en proteger el funcionamiento de las instituciones republicanas y los derechos de las personas, y dicha función depende de la capacidad de los jueces de ejercerlo conforme lo demandan las circunstancias (especialmente las actuales).

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