domingo 24 de junio

La cosmogonía del álbum Panini

Dentro de un día empezará el Mundial y con él bajará la fiebre por coleccionar las cartas del Panini. Saberlo me produce una angustia apremiante, porque aún no terminamos de llenarlo y también un alivio anticipado: por fin terminará esta tarea enloquecida, esta avidez enfermiza que nos aqueja desde hace más de dos meses, cuando comenzaron a venderlas y todos en la familia caímos en la trampa. Y es que esa es la sensación que uno tiene al abrir cada nuevo paquetito y descubrir que otra vez está la cara de Thomas Meunier o el estadio Mordovia Arena, pero ninguna carta legendaria o el escudo de Marruecos, la única que nos falta para completar ese equipo.

Al principio, los precios me parecían muy razonables. El cuaderno engrapado de color azul y unas 80 páginas donde pegar 682 estampas costaba apenas 25 pesos mexicanos; el sobre con cinco figuritas 14, pero haciendo cálculos me di cuenta de que se necesitan alrededor de 6000 pesos para completar el mentado álbum, que a estas alturas después de mil visitas a la escuela y a la cancha del barrio se encuentra en un peor estado que el trapeador de casa.


Por si fuera poco en el Panini mexicano hay una página especial dedicada a la selección nacional con cromos que solo se pueden conseguir comprando botellas de Coca-Cola, una bebida que ha contribuido a nuestros altos índices de obesidad infantil y que en casa nunca hemos consumido. Por primera vez en nuestra historia, y para hacerse con las figuritas, mis niños de 6 y 9 años me suplicaban: “¡Mamá, cómprame una Coca!”.

Dejar un comentario