martes 24 de mayo de 2022
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La democracia y la meritocracia

No discutamos más por diez años la comunicación de un gobierno. Eso empuja la conversación a la meta-comunicación. Y no discutamos la comunicación del gobierno porque esa es su invitación. ¿Cómo comunican? Bárrrbaro.

La marcha del 29A tuvo un mérito: movilizar también la defraudación de quienes esperaban algo del gobierno hace unos meses. Puso en escena la transversalidad en la que se distribuyó el voto popular. No era una marcha policlasista pero sí, tal vez, “poli-electoral”. La lucidez vocacional del PRO de negar siempre la política (como si la política fuera la corporación a destruir, su Clarín, en términos kirchneristas) y en pos de un gestionalismo concentrado en cosas concretas, corre el riesgo esta vez sí, de resbalar. El 29 A fue la marcha del concreto, marcharon los que no rechazan la ideología del PRO por prejuicio sino la política del PRO por juicio: le empiezan a temer.

El “achicamiento del Estado” módico, acompañado por una sociedad que te aprueba mayoritariamente la intervención estatal en la economía tanto como el despido de “ñoquis”, todo dentro de una misma “astucia”, ahora devino en noche: los despidos empezaron en lo público y siguieron en lo privado. Las cifras son tan improbables pero hay un efecto que canta hasta Mirtha Legrand: basta de despidos. Y lo que miles de personas en la calle demostraron es que es necesario mostrar los dientes contra ese corolario disciplinador de la “moda del despido”. Habrá más o menos despedidos, pero todos los ocupados sienten el temblor y serán más agradecidos de lo que tienen. Vivimos el inicio de una contracción y con ello el temor a los despidos. El trabajo “inútil” que identifica Macri sintoniza con la publicidad desafiante de Chevrolet: “Imaginate vivir en una meritocracia”. La relación del gobierno con la sociedad se funda en muchas cosas pero también en la sospecha de un diálogo: ¿trabajás?, ¿de qué trabajás? ¿Cuál es tu mérito? Como una policía laboral extendida hecha de todos los lugares comunes en torno al trabajo: “acá no trabaja el que no quiere”, pero combinada a la expectativa de una expansión económica que traerá “trabajo genuino”. El PRO no es un lenguaje cheto, es una conjunción de lenguajes recogidos por la sabiduría popular y liberal intacta aún en la Argentina peronista. ¿Trabajás? ¿Seguro? El trabajo bajo sospecha porque la sospecha es extendida: ¿tanta industria hace falta?, ¿tanto Estado hace falta? El sinceramiento argentino justo cuando la soja y el petróleo pasaron su boom y el enemigo impensado es Brasil, cuya caída nos deja más solos a la espera de las inversiones. El 40% de nuestras manufacturas, por ejemplo.

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