La descomposición política de la coalición Cambiemos

La persistente escalada del dólar, el derrumbe de todos los indicadores de la economía, el aumento de las cifras que miden la situación social, el declive constante en las encuestas, la autonomización de las cloacas de los servicios de inteligencia, el pase a la oposición de fracciones cada vez más considerables del “partido judicial”, el distanciamiento de la prensa hasta ayer oficialista, la desconfianza de los mal llamados “mercados”, el alejamiento de amplios sectores empresariales y la tensión creciente entre los integrantes de la coalición oficial (con los radicales jugando a las escondidas con la Convención partidaria que debería respaldar la candidatura del presidente Mauricio Macri), son sólo síntomas. Síntomas de una aguda descomposición política.

Las patéticas actuaciones calientes de Macri en sus apariciones públicas muestran, básicamente, que no sabe bien sobre qué pierna baila. El último bochorno lo protagonizó en el Congreso de la Lengua cuando el escritor Mario Vargas Llosa lo interrogó sobre si pensaba cambiar algo de su orientación si ganaba las elecciones y el presidente sentenció que mantendría el rumbo pero iría más rápido. Si locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes, Macri parece bastante perturbado.


La situación es tan desastrosa que hasta macristas paladar negro, como el inefable Federico Andahazi, se dan cuenta de que el país puede estallar y salen a despegarse del proyecto que bancaron desde la hora cero.

Las elucubraciones sobre un eventual “plan V” (que empuje a María Eugenia Vidal a la candidatura presidencial) o hasta un “plan H” (que haga lo propio con Horacio Rodríguez Larreta) son manifestaciones de que el barco está a la deriva. Además, son planes imposibles: si Macri renuncia a su reelección, cava su fosa política y con él se lleva puesto a todos los habitantes del planeta amarillo.