miércoles 15 de agosto

La desobediencia tecnológica y la creatividad cubana

Está la idea de que para inventar algo nuevo necesitamos siempre de algo más. De una computadora más potente, de mejores herramientas, de una formación académica más sofisticada, de tal o cual material -realmente excusas podríamos imaginar miles. Pero en contra de todos estos prejuicios, la creatividad tiende a surgir de la falta de recursos y no de su sobreabundancia.

Alcanza con recordar al santo patrono de los makers, el mismísimo Angus MacGyver. Más allá de que como adultos con mínimo uso de razón deberíamos poder reconocer que con un tapete de goma, dos portavelas metálicos y cable telefónico no podríamos hacer un desfibrilador, hay algo que MacGyver sí tiene para enseñarnos: para crear algo nuevo debemos poder trascender la mirada superficial. Esto es, debemos lograr ver a las cosas ya no desde lo que muestran sino desde lo que ocultan.


Lejos de ser mero palabrerío inspiracional, esto es exactamente lo que en varias partes del mundo forzosamente tuvo que suceder. Y quizá uno de los mayores ejemplos es el de Cuba, en donde a partir de la caída del muro a fines de los años 80 y la posterior disolución de la Unión Soviética hubo que enfrentar una profunda crisis de desabastecimiento.

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